Cuento corto de Baldomero Lillo: Cañuela y Petaca

Cañuela, a pesar de sus débiles fuerzas –tiene nueve años, y su cuerpo es espigado y delgaducho–, ha terminado felizmente la empresa de apoderarse del arma, y sentado en el borde del lecho, con el cañón entre las piernas, teniendo apoyada la culata en el suelo, examina el terrible instrumento con grave atención y prolijidad. Sus cabellos rubios desteñidos, y sus ojos claros de mirar impávido y cándido, contrastan notablemente con la cabellera renegrida e hirsuta y los ojillos obscuros y vivaces de Petaca, que dos años mayor que su primo, de cuerpo bajo y rechoncho, es la antítesis de Cañuela a quien maneja y gobierna con despótica autoridad.

Baldomero Lillo, el escritor sepultado dos veces

Con una disputa judicial que terminó en Tribunales concluyó el destino final de los restos del escritor Baldomero Lillo. Nacido en el año 1867 en el centro minero de Lota, a unos 600 kilómetros al sur de la capital, Santiago, falleció en la ciudad de San Bernardo, el 10 de septiembre de 1923. A fines del pasado siglo, la familia del autor de Sub Terra y Sub Sole comenzó trámites y diligencias con el fin de trasladar sus restos desde San Bernardo

La denuncia de Baldomero Lillo

Baldomero Lillo publicó en 1904 Sub Rosa, un libro de cuentos magistral y necesario. En los ocho cuentos que habitan Sub Rosa, Lillo oficia de defensor de los mineros chilenos, que vivían en condiciones cercanas al esclavismo. El escritor conocía bien el paño (su padre era capataz de una mina), y eso hizo que se sensibilizara desde muy niño con los sufridos mineros. Horas de trabajo excesivas, explotación laboral infantil, sueldos paupérrimos, acritud en el trato y peligrosidad laboral son algunas de las penurias reflejadas en sus estremecedores cuentos.

Los mejores 1001 cuentos literarios de la Historia: “La compuerta número 12”, de Baldomero Lillo

cuento de Baldomero Lillo

Tenía dudas sobre el cuento a publicar en esta sección. Podría haber elegido alguno de Chéjov, Maupassant, Cheever, Marco Denevi o incluso de Bukowski… Al final he optado por un cuentista desconocido en nuestro país: el chileno Baldomero Lillo, cuyo nombre yo no había oído hasta que Luis Sepúlveda lo recomendó en un congreso de escritores en Extremadura.

Cuento breve recomendado: “El registro”, de Baldomero Lillo

“Desde las primeras líneas de Sub terra, sentimos la presencia de las fuerzas de la fatalidad o de algo semejante, que van empujándolo todo, personajes o cosas, hacia un despeñadero ante el cual ni esfuerzos ni ruegos, ni nada tiene virtud salvadora posible. Y, sin embargo, sentimos, al mismo tiempo, tras esa apariencia inconmovible, que la simpatía y la compasión del autor se hallan ligadas entrañablemente a las míseras criaturas que van arrastradas por un destino hacia su destrucción inevitable”.

Ernesto Montenegro

Cuento de Elvio E. Gandolfo: Vivir en la salina

En 1999 la editorial Alfaguara hizo una encuesta entre escritores y críticos para que eligieran cuál era, en su opinión, el mejor cuento argentino del siglo XX. El cuento “Esa mujer“, de Rodolfo Walsh, fue el más votado, superando a Borges y Cortázar, que no se quedaron muy atrás. “El Aleph”, de Borges, por ejemplo, quedó en segunda posición. Y este cuento de Elvio E. Gandolfo: Vivir en la salina, quedó en la decimocuarta posición. Es un cuento que las duras condiciones de trabajo que retrata me recuerda a los cuentos de Baldomero Lillo en los que retrata la mala vida de los mineros chilenos. Un ejemplo: “La compuerta número 12”.

No os perdáis el cuento de Gandolfo: os va a gustar.

Cuento de Gonzalo Drago: Mister Mara

Entre ellos están Francisco Coloane, que escribió sobre los hombres de una Patagonia rebelde y sangrienta; Baldomero Lillo, que se metió en los túneles sórdidos de las minas de carbón en Lota y Coronel para mostrar la miseria y la injusticia; Andrés Sabella y sus epopeyas con los mineros del salitre en la pampa del norte chileno; el rancaguino Oscar Castro, que humanizó las correrías de cuatreros y bandoleros del medio campesino, en el Chile central; y sobre todo, Gonzalo Drago, quien es el escritor de los mineros del cobre.