Cuento escondido de Julian Barnes

Cuento de Julian Barnes

Graham decidió, aunque sin demasiado optimismo, pensar en lo que Jack (un amigo) le había dicho. Siempre había considerado que Jack tenía más experiencia que él. ¿Era así? Los dos se habían casado dos veces, los dos habían leído parecida cantidad de libros, los dos tenían parecida inteligencia. Entonces, ¿por qué le reconocía a Jack esa autoridad?

Cuento escondido de Juan Villoro: Confianza

Cuento oculto, Juan Villoro

Nunca antes me había cautivado un pie, al menos no de ese modo. Me acomodé en el asiento del avión, bajé la vista y sentí, de manera intensa e inconfundible, que los dedos bajo la trabilla de una sandalia reclamaban mi atención. Un pie leve, delicado. Mi excitación me sorprendió por varias razones: eran las seis de la mañana y la realidad se deslizaba ante mí como una deficiente película mexicana; estaba en el estrecho asiento de un avión (mido 1.94 y muy seguido me duele la espalda); no había visto la cara ni el resto del cuerpo de la mujer, y lo más importante y difícil de confesar: no me excito con facilidad.

Cuento escondido de Augusto Roa Bastos

En este texto de la novela Hijo de hombre del escritor paraguayo Augusto Roa Bastos se da esa situación. Un leproso (constructor de instrumentos musicales), poco antes de morir, talla en madera nativala figura de un Cristo. Sus conocidos aseguran que lo hizo para tener compañía en aquel exilio obligado al que él mismo se sometió, de cara a su enfermedad rechazada por muchos. Una vez que lo sepultan, sus más cercanos rescatan el Cristo y lo llevan en procesión a la iglesia, donde el cura lo rechaza de inmediato

Cuento escondido en ‘El Dios de las pequeñas cosas’, de Arundhati Roy

Con frecuencia uno no se imagina que en la India se practique el catolicismo, por lo mismo que es un tanto difícil entender el fenómeno. En algunas regiones de la India subsisten hasta hoy cultos introducidos por navegantes y conquistadores europeos y asiáticos ligados al budismo. Ha sido y es una convivencia difícil. En el sur de India, una rama de la Iglesia Siria Ortodoxa extendió hace tiempo sus creencias. Existen, por tanto, cristianos allí. La novela El Dios de las pequeñas cosas da cuenta de este hecho. Sus personajes, la mayoría, pertenecen a esa fe.

Un dato curioso para entender la trama del libro, el primero de largo aliento, hasta ahora, de la escritora india Arundhati Roy

Cuento escondido de Alejo Carpentier: [En la ópera]

Ernesto Bustos Garrido nos ofrece un cuento escondido de Alejo Carpentier, incluido en Los pasos perdidos. Nuestro colaborador da dos versiones del texto: la original (en texto corrido) y otra con puntos aparte, para hacer más cómoda la lectura. Al final incluimos un glosario, realizado por Bustos Garrido.

Cuento escondido de John Steinbeck en “Camaradas errantes”

El cuento escondido muestra a dos personajes de la novela: Danny es uno de los principales protagonistas, y es absorbido, con frecuencia, por la recia personalidad de un Pilón, un tipo sagaz, hábil en retorcer argumentos que siempre lleva a su provecho, con la particularidad de que acaba creyéndose sus falacias. Es buen amigo, hasta el extremo de compartir una damajuana de vino tinto en una tarde de lluvia frente a los leños robados a la viuda Morales a quien también le escamotean huevos o algún pollo de su corral, mientras alguno de ellos le paga con “favores”, de pie, detrás de la puerta del granero.

Cuentos cortos latinoamericanos

cuentos-cortos latinoamericanos

Latinoamérica nos dio durante el pasado siglo algunas de las voces más reputadas dentro del género del cuento. Hablamos de autores como Juan Rulfo, Jorge Luis Borges, Augusto Monterroso, Marco Denevi, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Juan Carlos Onetti, Gabriel García Márquez, José Luis González, José B. Adolph, Roberto Arlt… El listado de grandes cuentistas latinoamericanos … Sigue leyendo

Cuento corto de Poli Délano: Amor a control remoto

Actriz mexicana Lucía Méndez

La revelación se dejó caer una tarde mientras hacíamos las tareas en la mesa del comedor y la lluvia parecía demoler el tejado. Le dije a Fabián que no fuera idiota, que le devolviera el trompo a Genaro. Él no me había contado nada sobre el robo, de manera que abrió los ojos muy grandes y me preguntó: “¿Cómo supiste?”.

En otra ocasión, caminando rumbo a Providencia por Avenida Suecia, le informé a un sujeto desorientado que la callecita que no podía encontrar estaba a dos cuadras hacia la derecha. Me miró como si no creyera lo que acababa de oír y se alejó asustado, porque en realidad se lo dije antes de que él me hiciera la pregunta. Y casos semejantes, podría contar por docenas.